Este quilombito que recorrió el mundo a partir de la caída estrepitosa de los diferentes mercados financieros dio pie a un escenario muy interesante para replantearse, repensar (o volver a instistir con lo mismo) nuestra relación con este gigante que tenemos frente a nuestros ojos, que de tan grande se lo ve como inasible. Desde muchos lugares se lo veía como una reestructuración del sistema , haciendo una analogía con la crisis del '29, desde otros con la de 1987, y finalmente algunos aventureros llegaron a plantear el "derrumbe del capitalismo mundial". No voy a ahondar en por qué no considero esta una crisis como la que generó el crack de Wall Street allá por los tiempos de Yrigoyen (nivel de caída del PBI, nivel de desempleo, proteccionismo de la economía, respaldo de un patrón mundial monetario, etc.), sino que prefiero referirme a esta última corriente. Entonces, la duda que se nos plantea es ¿de qué hablamos cuando decimos que se está dando un derrumbe del capitalismo? Para que esto ocurra, es necesario tanto que: en primer lugar, haya una crisis no sólo económica sino orgánica (o sea, que se hallen en peligro las relaciones sociales fundantes de la opresión del hombre por el hombre, las instituciones que materializan estas relaciones y la hegemonía que esta clase dominante posee); en segundo lugar, esta hegemonía que mencionamos debe ser puesta en tensión y asediada a partir de grupos subalternos que la cuestionen fuertemente, un movimiento contrahegemónico con poder y capacidad de incidencia real en el seno mismo del pueblo.
Ahora bien, dado que esto no ocurre, podríamos llegar a la siguiente conclusión: hablar tan livianamente - como si fuera algo que, cincelado en la piedra inamovible de la teoría, va a llegar inevitablenente - de "derrumbe del capitalismo" da cuenta del sistemático economicismo de gran parte de la izquierda argentina, que presupone, ante situaciones así, la aparición súbita de un nuevo orden. Deberíamos ser más cuidadosos y tomar conocimientos de la vida real, de los hechos exactos de la realidad, y no aferrarnos a una teoría de antaño, que, como todas las teorías, a lo sumo sólo esboza lo fundamental y lo general. Como decía un señor hace tiempo, "la teoría, mi amigo, es gris, pero el árbol eterno de la vida es verde".
Lamentablemente, guiados por su economicismo, muchos de estos grupos suponen que ante situaciones de hambruna, de pobreza extrema, se va a generar un caldo de cultivo de donde afloren las condiciones revolucionarias necesarias para la liberación. La Historia, mis amigos, ha dado sobradas muestras de que esto no necesariamente es así, y que muchas veces cuanto peor estamos peores son las perspectivas que se nos plantean a futuro, mientras que otras veces mejoras en las condiciones de vida del pueblo dan lugar a movimientos que cuestionan y buscan terminar con el orden vigente. Al plantear, sin embargo, no estamos diciendo que la relación se dé siempre en esos términos. Lo que sí estamos afirmando es que para liberarnos del yugo que nos pone un sistema perverso, donde a sangre y el fuego callaron - y siguen haciéndolo - las voces de los oprimidos, de los disconformes, un sistema que desnuda en cada rincón olvidado del mundo su verdadera esencia, en fin, si queremos terminar con el capitalismo, no alcanzan la caída del mercado financiero ni los cuerpos todavía tibios de un par de ejecutivos desesperados, sino que día a día tenemos que ir construyendo, disputando, luchando. Y mucho.
Ahora bien, dado que esto no ocurre, podríamos llegar a la siguiente conclusión: hablar tan livianamente - como si fuera algo que, cincelado en la piedra inamovible de la teoría, va a llegar inevitablenente - de "derrumbe del capitalismo" da cuenta del sistemático economicismo de gran parte de la izquierda argentina, que presupone, ante situaciones así, la aparición súbita de un nuevo orden. Deberíamos ser más cuidadosos y tomar conocimientos de la vida real, de los hechos exactos de la realidad, y no aferrarnos a una teoría de antaño, que, como todas las teorías, a lo sumo sólo esboza lo fundamental y lo general. Como decía un señor hace tiempo, "la teoría, mi amigo, es gris, pero el árbol eterno de la vida es verde".
Lamentablemente, guiados por su economicismo, muchos de estos grupos suponen que ante situaciones de hambruna, de pobreza extrema, se va a generar un caldo de cultivo de donde afloren las condiciones revolucionarias necesarias para la liberación. La Historia, mis amigos, ha dado sobradas muestras de que esto no necesariamente es así, y que muchas veces cuanto peor estamos peores son las perspectivas que se nos plantean a futuro, mientras que otras veces mejoras en las condiciones de vida del pueblo dan lugar a movimientos que cuestionan y buscan terminar con el orden vigente. Al plantear, sin embargo, no estamos diciendo que la relación se dé siempre en esos términos. Lo que sí estamos afirmando es que para liberarnos del yugo que nos pone un sistema perverso, donde a sangre y el fuego callaron - y siguen haciéndolo - las voces de los oprimidos, de los disconformes, un sistema que desnuda en cada rincón olvidado del mundo su verdadera esencia, en fin, si queremos terminar con el capitalismo, no alcanzan la caída del mercado financiero ni los cuerpos todavía tibios de un par de ejecutivos desesperados, sino que día a día tenemos que ir construyendo, disputando, luchando. Y mucho.
Enlaces a esta entrada
0
comentarios

